¿Por qué las gallinas olvidaron Volar?
- 12 may 2013
- 4 Min. de lectura
Existen Gallinas muy singulares en esta tierra, las hay gordas, delgadas, altas, bajas, habladoras, y algunas hasta buenas lectoras... pero vamos a hablar de una gallina un poco particular, su nombre era Leticia, si bien, Leticia disfrutaba conversar, jugar y cantar todos los días, al igual que a sus amigos, ella en particular tenía algo diferente. Cuando el sol se ponía en el horizonte y todos sus amigos estaban ya en sus casas, ella sigilosamente subía al techo de un gallinero a observar al sol despedirse, era un momento bastante grato ya que el silencio y sobretodo el viento pasaban por aquellos prados. Leticia sentía que la luz del sol la llamaba y que el viento la hacía flotar por los aires del prado, cerraba sus ojos, abría sus alas y soñaba que volaba alto.
La rutina diaria de Leticia era bastante aceptada por todos sus amigos, disfrutaba ir a cuidar a los pollitos más pequeños, comía solo semillas sanas, bebía agua purificada, jamás decía “Kokoroko” de manera agresiva, si no que al contrario, siempre sonreía y decía gustosa “kikiriki”, incluso una vez ayudo a una gallina colorada a que no fuera discriminada por su color café rojizo. Sin embargo, con el tiempo sus amigas descubrieron su secreto y ellas no lograban comprender porque todos los días en el atardecer Leticia subía al techo de un gallinero y abría sus alas – “está loca” – decían algunas gallinas, - “pareciera que quisiera volar”- “que tonta, ¿acaso no sabe que las gallinas no vuelan?”- Pero en esos momentos, Leticia no escuchaba nada, solo sentía el viento y dejaba que su imaginación la llevara a distintos lados.
Un día, su amiga Any, decidió investigar a Leticia y descubrir porque era tan particular, así que la siguió y anoto todos los pasos que Leticia dio en su libreta de investigadora. Cuando el día termino Any saco su libreta y pudo ver que lo único que era diferente en todo su día, era el subir al techo de un gallinero y estirar las alas, pero hubo algo que la preocupo, justo el día que la investigaba Leticia refaló del techo y casi cayó al suelo. Any decidió avisar a todas las gallinas de lo sucedido para que obligaran a Leticia a dejar su costumbre de subir al techo. Fue así como al día siguiente Leticia fue castigada y encerrada en una pequeña choza, su castigo seria de una semana. Por supuesto que Leticia estaba indignada, no podía creer que le cuartaran su libertad de disfrutar el viento, y ni siquiera le habían dejado un libro para pasar las horas.
Su enojo duro al menos un día, hasta que pensó, - “ya que mas da” – se sentó en la choza resignada y comenzó a observar el día a día de sus amigas gallinas, las comenzó a observar tan detenidamente que algunas preguntas vinieron a su cabeza. No comprendía cómo era que tenían alas y no podían volar, miraba sus alas y miraba a sus amigas y notaba que ninguna abría sus alas, -“todas están tan tranquilas, siempre son alimentadas, nunca les falta nada”- y una idea gigante en su cabeza apareció. Se dio cuenta que todas estaban muy tranquilas, no tenían más que disfrutar el día a día porque algunos amigos humanos diariamente les entregaban las semillas. No lo podía creer, estaba impresionada, comprendió que no es que no pudieran volar, si no que habían olvidado volar, olvidaron completamente como estirar sus alas para buscar su alimento, olvidaron realmente quienes eran.
La semana de castigo había pasado, Leticia había tenido tiempo para decidir que hacer, sus amigas gallinas la soltaron y le dijeron que si volvía a subir al gallinero tendría una semana más de castigo en la choza. Leticia acepto, ella sabía que sus amigas jamás entenderían lo que ella comprendía, tendrían que verlo para creerlo, era extraño porque ella pensaba que todos sentían la necesidad de estirar las alas, pero al parecer había pasado mucho tiempo y dejaron olvidado ese sentimiento.
Leticia organizo toda una planificación para su nuevo proyecto, volver a volar, no dejaría atrás su sueño, además pensaba que si sus amigas la veían volar comprenderían mejor lo que pasaba. Su misión estaba completa, tenía al menos 10 estrategias para lograr su cometido, pero tendría que ser en las noches, cuando todas sus amigas durmieran.
Sigilosamente Leticia comenzó a salir en las noches a probar sus estrategias, primero hacia un calentamiento de al menos 30 minutos practicando con pesas o apilando semillas para estar en forma. Su primer intento fue correr en línea recta y saltar alto, pero no dio resultado, así que fabrico una catapulta, lamentablemente esta la dejo plasmada en el suelo, también lo intento con un cohete con el cual llego muy arriba de los cielos, pero su caída fue inminente, probo con alas deltas, sin embargo, quedo atascada en el árbol más grande del prado con el primer salto.
La pobre Leticia estaba muy agotada, había perdido ya varias plumas con tantos intentos, al menos, nadie sospechaba nada y cuando le preguntaban por sus plumas ella decía que era un nuevo corte de plumaje, la última moda en Paris. Al menos los golpes no habían logrado que Leticia perdiera su buen humor.
Un atardecer, cuando todas sus amigas ya se iban a dormir, Leticia se sentó frente al gallinero donde solía subir, sintió como el viento movía su plumaje y la llamaba a extender las alas, en ese momento cerró los ojos y corrió, corrió como no lo había hecho antes, corrió tan rápido que creó una ola de viento que llamo la atención de todas sus amigas, corrió sin miedos haciéndose parte del viento y salto, salto hacia el horizonte, abrió sus ojos para ver al sol despedirse, esta vez el sol brillo como nunca, su vuelo fue increíble, sus amigas no podían creerlo, vieron a Leticia volar, se veía hermosa y sus alas extendidas se movían con el viento, entonces Leticia sonrío, porque se sintió parte del viento, porque recordó quien era realmente y porque ahora quizás todas podrían recordar que tan solo habían olvidado volar.
Las otras gallinas vieron a Leticia volar… y sintieron una intensa necesidad de seguirla, hubo otras que se indignaron y esperarían a que bajara para volver a encerrarla, pero el punto era… que todas y cada una de ellas habían entendido que “habían olvidado a volar” e independiente que decisión tomaran sabían que podían llegar mas allá de la cerca si así lo deseaban.




























Comentarios